A veces meda la neura y me pongo triste. Me suele pasar cuando intento mirar hacia delante y, como buen conductor, antes de salir miro por el retrovisor. Lo que veo son recuerdos, sobre todo de costumbres que, comparadas con las que tenemos ahora me producen tristeza y me provocan la neura.
Mi neura de hoy me la ha provocado el “chikilicuatre”, pero no él en si, al cual felicito por su actuación en Eurovisión y por otras cosas más que en otro momento explicare, sino por el comentario que se debatió a raíz de la llamada telefónica de un espectador que, mostró su gratitud a la canción española porque por ella había logrado reunir a la familia, aunque fuera delante del televisor. Mi felicitación también al desconocido espectador, porque se de lo dichoso y emocionados que se habrán sentido todos al reunirse, aunque haya sido por el “chikilicuatre”.
Al mirar por el retrovisor, y ver lo de detrás, me doy cuenta de lo que hemos avanzado y, siento añoranza de lo que hemos dejado. Las familias no necesitaban ningún “chikilicuatre”, ni los partidos de Barça-Madrid o Madrid-Barça, para reunirse. Bastaba sólo una voz de llamada, ¡el domingo todos en casa de los abuelos!, sin mensajes, ni de móviles, ni de correo electrónico.
Después de comer, si alguno sabía tocar la guitarra esta siempre salía o, el acordeón, y sino bastaba el palmeo para que se verborrearan canciones. Para mí, esa era una bonita forma de reunión familiar.
¡Ah! Se me olvidaba, nadie decía -¡callarse que no se escucha la canción!
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