Mi amigo Mario es italiano. Mario es dueño de un pequeño restaurante que suele hacer menús de mediodía. El local está situado en Barcelona, en el ensanche, fuera de circuito turístico y de sitios singulares de la ciudad. La clientela del restaurante de Mario suele ser desde vecinos de barrio, a empleados de oficinas y comercios que suelen estar ubicados en la zona.
Mario ya lleva cuatro años en Barcelona al frente de su negocio y, aunque chapurrea el castellano e incluso el catalán. Como no los habla bien, redacta la carta de su restaurante sólo en italiano, y él y su personal, únicamente hablan en italiano, ya que todos proceden de Italia.
Y no pasa nada. Nadie le dice que tiene que hablar ni en catalán, ni en castellano. Los clientes que frecuentamos el local, le enseñamos nuestro idioma e incluso aprendemos el suyo. Por ejemplo, a mi me gusta pedirle un plato de penne, en castellano macarrones pequeños, a que es curioso.
Si acudimos a su local es porque nos gusta los platos que prepara, y tanto él como el personal son de trato agradable, por lo que nos importa bien poco en el idioma que se expresen, al fin y al cabo elegimos donde morir pero no donde nacer.
Podemos imaginar en Madrid un restaurante que la carta sea sólo en catalán, vasco o gallego y sus empleados no hablen castellano. No, no es imaginable. Y no porque no acudiera clientela que, no es que este seguro, sino que estoy segurísimo que se llenaría el local.
Es más, en Barcelona, mi amigo Mario podrá seguir con su forma de regentar su restaurante hasta que la burocracia institucional lo localice. Entonces las leyes acabaran con su sistema y, tendrá que redactar la carta en catalán y castellano, en italiano únicamente será de su propia elección. Y eso que no paran de hablarnos de democracia, la de ellos claro.
Mario nos está demostrando que las gentes somos universales y que nada tiene que ver donde hayamos nacido para entendernos. Es sólo cuestión de respeto entre nosotros.
No necesitamos leyes para convivir, necesitamos libertad. Puede que el futuro este en que todos sepamos ser como Mario.
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Junio 28, 2008 a las 8:19 pm
tienes razón