Parafernalia es una palabra que se utiliza,-no corrientemente-, para determinar usos y costumbres sobre todo ceremoniosos.
Me gusta usar la palabra parafernalia, y no tiene nada de raro que así sea, ya que me suelo embelesar describiendo con el pensamiento, la parafernalia que con llevan actos que van desde deportivos, de espectáculos, de la justicia, militares, etc., etc.
Por ejemplo, se les ha ocurrido alguna vez, para matar el rato, acudir a las audiencias públicas que se suelen celebrar en las salas de justicia, si no lo han hecho nunca, y lo quieren hacer, antes prepárense.
Ayer sin ir más lejos, acudí a una de esas audiencias en mi ciudad. Había dos acusados que se ve que representaban a trabajadores de una empresa en quiebra y, estaban nada más que los acusados y la parafernalia.
La parafernalia a la que se enfrentaban aquellos dos muchachos imponía de verdad. La sala en la cual se celebraba la audiencia era grande y fría, a pesar del caluroso día que reinaba en la calle, sus paredes y techo estaban adornadas con frescos que pudieran ser del siglo XVII o, de cuando fueran. Había, a los lados de la sala, nada más y nada menos que catorce individuos, vestidos todos ellos con una especia de capa negra, toga, creo que se llama. Al frente una tribuna con tres, togados, que serían los jueces y, aun lado, discretamente un individuo ante un pedazo de ordenador, parecido a esos que usa la Nasa para el control de los vuelos espaciales y que se suelen ver por la televisión.
Los jueces estaban detrás de una larga mesa, toda llena de unos tomos de papel, solían llamar expedientes y documentos, y a instancia de los de al lado, que debían ser defensores y acusadores, vaya abogados, solían consultarlos. Parecía la mesa que, en los tiempos del NODO, aparecía delante de Franco repleta de papeles.
A la espalda de los jueces se levantaban una enorme cortina que iba desde el suelo al techo, este, el techo, era alto, altísimo, como el de las iglesias de antes, ahora no se como serán porque hace más de treinta años que no entro en una. La cortina era de un color granate pero, muy fuerte, daba la sensación que de un momento a otro iba a salir de detrás de ella el espadachín que liberara a los dos acusados.
Los abogados, cuando se dirigían a los jueces les decían Sus Señorías y ellos a los abogados Letrados. Como si fueran los únicos que supieran leer.
La mesa de los jueces estaba ubicada en lo alto de unos tres peldaños de escalera, igual que la de los letrados, pero eso sí, estos a los lados. Delante de la mesa, la de los jueces, pero debajo de los peldaños había otra mesa, esta pequeñita. Que digo yo que, sería la del potero o portera, porque había una señorita que se pasaba el rato yendo de los jueces a los abogados y, abriendo y cerrando la puerta de los que, seguramente testigos, entraban a declarar. Pienso que a la señorita después de su jornada laboral no le será necesario acudir a ningún gimnasio para practicar “pilates”, que está ahora tan de moda.
En una de esas idas y venidas le pregunte a la señorita, -oiga, que han hecho esos dos-
-parece que hace unos doce años, ellos y treinta más, cobraron unos cuarenta millones de las pesetas, como indemnización del Fondo de Garantía Salarial por la quiebra y cierre de la empresa en que trabajaban, y no era correcto. Los van a encerrar unos tres años- me dijo.
Me quede quieto, en una de las butacas de la sala, en la que me había sentado al entrar, observando la parafernalia. Mi mente empezó hacer cálculos, - cuarenta millones por treinta y dos, son un millón trescientas mil pesetas, no llega, por cabeza.
Me cogió tal “acojone” que me levante discretamente y casi sin poner los pies en el suelo salí a escape de allí, no fuera que se escapara alguna PARAFERNÁLIA y me diera a mi. Mientras salía iba diciendo para mis adentros -¡madre mía! Me he metido en medio de la Santa Inquisición-
Y, es que, como ya escribí por aquí otra vez, me gustaría saber que entienden algunos por justicia.
Juro y prometo que, de aquí en adelante cuando quiera ver parafernalias elegiré con sumo cuidado el lugar.
Etiquetas: Inquisición, tribunal, tribunal de justicia

Junio 28, 2008 a las 3:11 pm
Lo que hay que aguantar por 3 perras, 35 tios a la calle por 4 chavos y 11 años y medio despues un juicio, ¿juicio?, ¿¿que hemos hecho??, ¿a quien hemos estafado? . bueno bueno, a nosotros nos estafan todos los dias, sirvase de ejemplo que me es muy dificil aparcar en la calle mi coche porque claro cada dia hay mas bicing, que si que si que tenemos que ir en bicicleta que no contamina. Es curioso he observado en varios lugares de Barcelona (”visca Barcelona”
tu si que sabes J.Hereu. aparcamientos de bicing ocupando la calzada que logicamente destruyen lugares de aparcamiento, no me quejo de esto sino de que en estos lugares por el lado opuesto hay grandes placetas/plazas donde no molestarian a nadie los “bicing” y asi no destruiriamos aparcamientos que es lo que quiere nuestro amigo J.Hereu. Claro hay que rentabilizar la grua, las multas, que compremos plazas de parking municipales por 50 años, o parkins privados para enriquecer ….. sin comentarios a buen entendedor pocas palabras. Bueno pues asi estamos. En alguna ocasión he pensado en poner el coche en el ascensor de mi bloque y entrarlo en caso y aparcarlo en una de las habitaciones asi no molesta a nadie y me evito la desagradable multa. Un saludo. Enric “ex-broher”
Junio 28, 2008 a las 4:53 pm
Nos ponen aparcamientos “bicing”, “zona azul”, “zona verde” y pagamos impuestos de circulación.
!Ah¡, y encima que usan nuestro ilustre trasero, tenemos que pagar el papel higienico con el que nos limpiamos, un abrazo