Las leyes conque juzgas, ¡oh Batinol,
menos bien las estudias que las vendes;
lo que te compran solamente entiendes;
más que Jasón te agrada el Vellocino.
El humano derecho y el divino,
cuando los interpretas, los ofendes,
y al compás que la encoges o la extiendes,
tu mano para el fallo se previno.
No sabes escuchar ruegos baratos,
y sólo quien te da te quita dudas;
no te gobiernan textos, sino tratos.
Pues que de intento y de interés no mudas,
o lávate las manos con Pilatos,
o, con la bolsa, ahórcate con Judas.
Quevedo
Señor Quevedo, desde donde esté
sepa usted ilustre caballero
que, hoy muchos años después
su este grandioso y elocuente soneto
brilla en su radiante actualidad.
Que no se me moleste la clase jurídica,
excepto claro los Jueces Mercaderías
pues tal soneto no lo ha escrito menda
sino que ha sido el ilustre caballero
Don Francisco de Quevedo
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