
“Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!
¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.
Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.
Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!.
Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden…
¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.” (Adolf Fischer, periodista de EEUU ejecutado en la horca el 11 de noviembre de 1887)
Está proclama le costo a su autor, el periodista estadounidense morir en la horca. Era el uno de mayo de 1886 y los trabajadores de Chicago (EEUU) se manifestaban y protestaban por el trato de esclavitud a que estaban sometidos y reclamaban las ocho horas de trabajo. Las concentraciones de los trabajadores continuaron en días sucesivos y, el día 3 a la salida del turno de trabajo de los “esquiroles” (rompehuelgas), se armo una trifulca entre los huelguistas y los rompehuelgas. Entonces la policía empezó a disparar matando a seis trabajadores e hiriendo a decenas de ellos, curiosamente todos huelguistas.
A raíz de estos hechos no fue sólo Fischer el condenado a la horca, hubo bastantes más y, también condenas de cadena perpetua.
Gracias a estos trabajadores hoy tenemos la jornada laboral de ocho horas y, fue el principio del fin de la esclavitud del trabajo, conseguido por la constante lucha obrera que aún hoy debemos de continuar.
El primero de Mayo no es ninguna fiesta del trabajo, ni del trabajador, es un día para que los trabajadores recordemos y nos reorganicemos, es el día de la lucha obrera.
La clase capitalista lo ha declarado festivo en conmemoración del “día del trabajo” evitando así, la concentración de trabajadores en fabricas y oficinas.
A mi modo de ver, los trabajadores deberíamos rechazar la festividad del día, y acudir todos a nuestros puestos de trabajo para, desde allí, todos juntos ir a la manifestación que en cada ciudad organicemos. Debería ser un día de huelga y reivindicación obrera. Y, como no, de recordatorio y gratitud a tantos trabajadores que en el mundo han pagado con su vida en defensa de la lucha obrera.




