Todos queremos ayudar a los pobres. Los gobiernos democráticos en los presupuestos de la administración del estado destinan partidas de ayuda a la pobreza, bastante importantes, según dicen. Los ayuntamientos realizan comedores sociales y lugares de pernocta para aquellos que no se pueden permitir ni siquiera una comida al día y no tengan techo para descansar. Y los políticos que están en el gobierno se pasan los días aireando los tantos por cientos que han incrementado la ayuda social y la partida destinada a la pobreza. Los de la oposición, critican lo poco que los del gobierno destinan a tales menesteres.
Y hay entidades privadas y religiosas que también se cuidan de los menesterosos, recogiendo vestimenta usada y cuidando que no les falte un plato caliente en la mesa. Se cuidan de ellos cuando enferman, y algunas, las entidades religiosas, intentan que se reeduquen en el buen camino y así poder salir del estado social en que se encuentran.
También existen las personas de buena voluntad que suelen aportar dinero a la beneficencia para poder sustentar la ayuda a los pobres. Unos dan dinero convencidos de hacer una buena obra y, los más, lo dan por motivos de interés, y como al fin y al cabo desgrava, pues eso, así se prodigan como personas de buen corazón.
Hay quien se suele lamentar y dice que el mundo está mal repartido, otros se atreven a decir que es que a los pobres no les gusta trabajar y, si ellos tienen lo que tienen es porque han trabajado mucho, siempre están trabajando, y la verdad es que tienen razón, porque robar desde los ayuntamientos tiene que llevar su trabajo, no ha de ser tarea fácil y, de haberlos “haylos”, y están los que dicen que es la voluntad de Dios.
Pero entre unos y otros, acaso nos hemos parado a pensar y, nos hemos preguntado ¿porque existen los pobres?, quizás si no hubiera ricos no habría pobres. Algo elemental pero, es así. Puede que la clave este en el reparto de la riqueza que el país a través del trabajo de sus gentes genera.
No deberían existir ni la pobreza, ni la riqueza, ni las gentes de buen corazón, pero para que eso fuera así seguramente tendríamos que estar pensando en amar de verdad la libertad.
La solución al problema existe, aunque difícil de implantar. Mi boina y yo creemos que se llama Libertad y Revolución Social.
Hay que reordenar de una vez por todas, el reparto de la riqueza.










