Archivos de la categoría ‘Relatos’

Ocho poemas para ocho años

Julio 31, 2008

A Marc, mi nieto

 

 

Una mañana

 

 

La mañana de un ardiente verano

 

al despertar, las “gavinas” me anunciaron

 

que ya estabas de camino.

 

 

Se lo dije al Sol para que, con su resplandor

 

lo dijera a la lluvia y al granizo,

 

a la luna y a las estrellas,

 

y que también lo supieran,

 

las hojas caídas y el otoño,

 

la nieve y el frió,

 

las flores y la alegre primavera,

 

y el verano que te veía nacer.

 

 

Pórtate pues, bien con todos ellos

 

para que bajo su manto

 

tengas cobijo y protección.

 

 

 

El chino mandarin

 

Un cuento te voy a contar

 

que se que te va a gustar

 

pero atento tendrás que estar

o, a chino te va a sonar

 

 

Érase una vez un chino mandarin

 

que las mandarinas le hacían tiririn

 

por eso en la china decían, tiririn,

 

por ahí va el chino mandarin

 

 

Atiborrarse le gustaba al chinón

 

de mandarinas de la plantación

 

sabrosas todas ellas lucían con

 

azúcar de dulce sazón

 

 

El espinazo al chino doblar

 

más bien que no gustar

 

sólo dispuesto estar

 

el chino a coger y largar

 

 

Trabajar no es para mandarin

 

aunque las mandarinas le hacían tiririn

 

y en la china le decían, tiririn

 

al chino mandarin

 

 

Si mandarinas gustar al chinón

 

laborar has en la plantación

 

por eso en la china dijeron, tororón

 

al chinón gandulon.

 

 

Se libre

 

 

Se libre,

 

como las nubes que viajan por el mundo sin fronteras

 

Se libre,

 

como las aves que emigran en busca del sol caliente

 

Se libre,

 

como los peces que se mueven por las aguas

 

Se libre,

 

como el mar y las olas que van y vienen

 

Se libre,

 

en un mundo que también es tuyo

 

Se libre,

 

en un mundo que nadie te debe arrebatar

 

Se libre,

 

en un mundo que tenga paz

 

Se libre,

 

en un mundo que no llore sangre

 

Se libre,

 

es tú derecho y tú obligación

 

 

 

Consejos

 

 

Consejos hay en la vida

 

Que las gentes de bien dan

 

Más si por darlos pagaran

 

Seguro que no los daban

 

 

 

Ayuda más que consejo

 

Puedes necesitar

 

Déjate pues aconsejar

 

Por quien te quiera ayudar

 

 

 

Futuro, presente y pasado

 

 

Ayer pensaste en el futuro

 

hoy piensas en el futuro

 

mañana pensaras en el futuro

 

siempre piensas en el futuro

 

hoy, es el futuro.

 

 

Ayer estuviste en el presente

 

hoy estás en el presente

 

mañana estarás en el presente

 

siempre estás en el presente

 

hoy, es el presente.

 

 

Ayer estuviste en el pasado

 

hoy estás en  el pasado

 

mañana estarás en el pasado

 

siempre estás en el  pasado

 

hoy, es el pasado

 

 

Futuro, presente y pasado

 

es hoy.

 

 

 

 

Todos te dirán

 

 

Todos te dirán, no te metas en líos

 

pero los líos, te vendrán a buscar

 

todos te dirán, no vayas allí

 

pero allí, te vendrá a buscar

 

todos te dirán, no hagas eso

 

pero eso, te vendrá a buscar

 

 

Metete en líos

 

Ves allí

 

Y has eso

 

Es tu libertad.

 

 

 

 

Naciste aquí

 

 

Naciste aquí y, hoy

 

pudiste nacer allí y, ayer o mañana

 

Naciste con paz

 

pudiste nacer con guerra

 

Naciste con pan

 

pudiste nacer con hambre

 

 

Vive para la paz, no para la guerra

 

Vive para el pan, no para el hambre

 

 

No olvides que mañana puedes tener guerra

 

No olvides que mañana puedes tener hambre

 

 

Entiende pues a los que vienen de  allí

 

Entiende pues a los que vienen de la guerra

 

Entiende pues a los que vienen del hambre

 

 

 

 

Dulce sueño

 

 

Esta noche he soñado

 

que navegaba por mares

 

de aguas tranquilas y viento a favor.

 

 

 

Como gaviota que vuela

 

el velero deja atrás

 

una tras otra,

 

islas de playas serenas.

 

 

 

Velero que navegas sólo

 

sin timonel que te oriente

 

como sabes el camino

 

que conduce hacia poniente.

 

 

 

Sólo no navego,

 

un diestro timonel

 

mi timón conduce

 

y a la mayor orienta

 

 

 

No veo quien pueda ser

 

el que a babor y a estribor me lleva,

 

nadie me habla excepto el viento

 

nadie me acompaña excepto las olas

 

únicamente el sol, la luna y las estrellas

 

con fijeza y terquead me miran

 

 

 

Pero, al despertar de mi sueño

 

con sumo deleite veo que,

 

el timonel, eres tú.

Mi padre me decía

Junio 27, 2008

Mi padre me decía

 

hijo, haya por los treinta

 

unas gentes de unos países

 

denigraban, derregaban y humillaban

 

a otras gentes diferentes a ellas

 

mientras otros países preferían

 

esperar en la oscuridad de la noche,

 

entretanto decíamos, no pasara nada

 

no puede haber otra gran guerra,

 

pero la hubo.

 

 

 

Mi padre me decía

 

hijo, haya por los cuarenta

 

dos poderosas naciones

 

con fuertes ejércitos

 

se erigieron como

 

los arquitectos del mundo,

 

dioses del universo

 

mientras decíamos, no pasara nada

 

no puede haber otra gran guerra,

 

pero la hubo.

 

 

 

 

Hijo yo te digo, todo eso

 

era en el siglo veinte

 

hoy estamos en el veintiuno

 

y como entonces

 

unas gentes de unos países

 

denigran, derregan y humillan

 

a otras gentes diferentes a ellas

 

no digamos pues, no pasara nada

 

no puede haber otra gran guerra,

 

evitémosla.

 

 

 

Hijo yo te digo, todo eso

 

era en el siglo veinte

 

hoy estamos en el veintiuno

 

y como entonces

 

naciones con fuertes ejércitos

 

son salvadores del mundo,

 

dioses de la razón

 

no digamos pues, no pasara nada

 

no puede haber otra gran guerra,

 

evitémosla.

 

 

(El Ministerio del Interior Italiano fichara a todos los gitanos. Según los medios de información son unos 150.000 casi la mitad nacidos en Italia)

 

A UN JUEZ MERCADERÍA

Junio 21, 2008

 

 

Las leyes conque juzgas, ¡oh Batinol,

 

menos bien las estudias que las vendes;

 

lo que te compran solamente entiendes;

 

más que Jasón te agrada el Vellocino.

 

 

El humano derecho y el divino,

 

cuando los interpretas, los ofendes,

 

y al compás que la encoges o la extiendes,

 

tu mano para el fallo se previno.

 

 

No sabes escuchar ruegos baratos,

 

y sólo quien te da te quita dudas;

 

no te gobiernan textos, sino tratos.

 

 

Pues que de intento y de interés no mudas,

 

o lávate las manos con Pilatos,

 

o, con la bolsa, ahórcate con Judas.

                   

                                     Quevedo

 

Señor Quevedo, desde donde esté

 

sepa usted ilustre caballero

 

que, hoy muchos años después

 

su este grandioso y elocuente soneto

 

brilla en su radiante actualidad.

 

 

Que no se me moleste la clase jurídica,

 

excepto claro los Jueces Mercaderías

 

pues tal soneto no lo ha escrito menda

 

sino que ha sido el ilustre caballero

 

Don Francisco de Quevedo

 

Parafernalia

Junio 19, 2008

Parafernalia es una palabra que se utiliza,-no corrientemente-, para determinar usos y costumbres sobre todo ceremoniosos.

 

Me gusta usar la palabra parafernalia, y no tiene nada de raro que así sea, ya que me suelo embelesar describiendo con el pensamiento, la parafernalia que con llevan actos que van desde deportivos, de espectáculos, de la justicia, militares, etc., etc.

 

Por ejemplo, se les ha ocurrido alguna vez, para matar el rato, acudir a las audiencias públicas que se suelen celebrar en las salas de justicia, si no lo han hecho nunca, y lo quieren hacer, antes prepárense.

 

Ayer sin ir más lejos, acudí a una de esas audiencias en mi ciudad. Había dos acusados que se ve que representaban a trabajadores de una empresa en quiebra y, estaban nada más que los acusados y la parafernalia.

 

La parafernalia a la que se enfrentaban aquellos dos muchachos imponía de verdad. La sala en la cual se celebraba la audiencia era grande y fría, a pesar del caluroso día que reinaba en la calle, sus paredes y techo estaban adornadas con frescos que pudieran ser del siglo XVII o, de cuando fueran. Había, a los lados de la sala, nada más y nada menos que catorce individuos, vestidos todos ellos con una especia de capa negra, toga, creo que se llama. Al frente una tribuna con tres, togados, que serían los jueces y, aun lado, discretamente un individuo ante un pedazo de ordenador, parecido a esos que usa la Nasa para el control de los vuelos espaciales y que se suelen ver por la televisión.

 

Los jueces estaban detrás de una larga mesa, toda llena de unos tomos de papel, solían llamar expedientes y documentos, y a instancia de los de al lado, que debían ser defensores y acusadores, vaya abogados, solían consultarlos. Parecía la mesa que, en los tiempos del NODO, aparecía delante de Franco repleta de papeles.

 

A la espalda de los jueces se levantaban una enorme cortina que iba desde el suelo al techo, este, el techo, era alto, altísimo, como el de las iglesias de antes, ahora no se como serán porque hace más de treinta años que no entro en una. La cortina era de un color granate pero, muy fuerte, daba la sensación que de un momento a otro iba a salir de detrás de ella el espadachín que liberara a los dos acusados.

 

Los abogados, cuando se dirigían a los jueces les decían Sus Señorías y ellos a los abogados Letrados. Como si fueran los únicos que supieran leer.

 

La mesa de los jueces estaba ubicada en lo alto de unos tres peldaños de escalera, igual que la de los letrados, pero eso sí, estos a los lados. Delante de la mesa, la de los jueces, pero debajo de los peldaños había otra mesa, esta pequeñita. Que digo yo que, sería la del potero o portera, porque había una señorita que se pasaba el rato yendo de los jueces a los abogados y, abriendo y cerrando la puerta de los que, seguramente testigos, entraban a declarar. Pienso que a la señorita después de su jornada laboral no le será necesario acudir a ningún gimnasio para practicar “pilates”, que está ahora tan de moda.

 

En una de esas idas y venidas le pregunte a la señorita, -oiga, que han hecho esos dos-

 

 -parece que hace unos doce años, ellos y treinta más, cobraron unos cuarenta millones de las pesetas, como indemnización del Fondo de Garantía Salarial por la quiebra y cierre de la empresa en que trabajaban, y no era correcto. Los van a encerrar unos tres años- me dijo.

 

Me quede quieto, en una de las butacas de la sala, en la que me había sentado al entrar, observando la parafernalia. Mi mente empezó hacer cálculos, - cuarenta millones por treinta y dos, son un millón trescientas mil pesetas, no llega, por cabeza.

 

Me cogió tal “acojone” que me levante discretamente y casi sin poner los pies en el suelo salí a escape de allí, no fuera que se escapara alguna PARAFERNÁLIA y me diera a mi. Mientras salía iba diciendo para mis adentros -¡madre mía! Me he metido en medio de la Santa Inquisición-

 

Y, es que, como ya escribí por aquí otra vez, me gustaría saber que entienden algunos por justicia.

 

Juro y prometo que, de aquí en adelante cuando quiera ver parafernalias elegiré con sumo cuidado el lugar.

 

Hambre, sed, frio y miedo

Junio 9, 2008

 

                                     La luna, por la noche

                                     me oye llorar

                                     ¿será porque tengo hambre?

 

                                     Y, sueño con un mundo

                                     que sacie mi hambre,

                                     que se que existe

 

                                     La luna, por la noche

                                     me oye llorar

                                     ¿será porque tengo sed?

 

                                     Y, sueño con un mundo

                                     que calme mi sed,

                                     que se que existe

 

                                     La luna, por la noche

                                     me oye llorar

                                     ¿será porque tengo frío?

 

                                     Y, sueño con un mundo

                                     que abrigue mi frío,

                                     que se que existe

 

                                     La luna, por la noche

                                     me oye llorar

                                     ¿será porque tengo miedo?

 

                                     Y, sueño con un mundo

                                     que quite mi miedo,

                                     que se que existe

 

                                     Al clarear la mañana

                                     el sol me despierta

                                     para que con su luz vea

                                     como, otro mundo se me lleva

                                     con lo que saciar mi hambre,

                                     con lo que calmar mi sed,

                                     con lo que abrigar mi frío

                                     y, sólo me deja, mi miedo.

 

Las fases del amor

Mayo 18, 2008

 

 

A los quince años

 

el amor es

 

           busqueda y esperanza

 

 

 

A los veinte años

 

el amor es

 

deseo y pasión

 

 

 

A los cuarenta años

 

el  amor es

 

aventura y sexo

 

 

 

A los sesenta años

 

el amor es

 

ternura y placidez

 

 

 

A los ochenta años

 

el amor es

 

sólo amor

 

El miedo de Ernesto

Mayo 5, 2008

 

 

 

-Mañana es el día, dice Ernesto para sus adentros

 

-Mañana tengo que sufrir el tormento que cada año me horroriza

 

Me levantare como cada día, pero será diferente. Lo primero tendré que orinar en ese vaso que me han dado  que no tengo ni para empezar. Después hay que verterlo en un tubito de vidrio y taparlo bien para que no se derrame.

 

Más tarde iré, con mi tubito en el bolsillo y, sin desayunar, al ambulatorio en el que me sacaran sangre, y les entregare el tubito.

 

Mi sangre y mis orines los llevarán a un laboratorio y los analizaran.

 

La persona que los analice no me conoce, ni sabe si soy aprensivo o, si paso y tanto se me da todo. Tampoco sabe si soy creyente, o si por el contrario reniego de cualquier religión. Ni le importa si soy un delincuente, un asesino, o el cúmulo de bondad y buenas intenciones. Le es igual, el  analista o la analista cumple con su trabajo de analizar.

 

Cogerá pues el tubo de orines sin importarle quien ha orinado, si es hombre o mujer y como si de un juez se tratara dará su veredicto

 

-Enfermo,”cascado”-  o quizás piense, –a mejor vida

 

-Mientras tanto, en otra sección, puede que del mismo laboratorio, otro analista hará lo idéntico con mi sangre, seguramente pensando las mismas cosas o similares.

 

Un doctor, al que le corresponde atenderme, recibirá ambos informes y los dejara olvidados en una carpeta a la espera del día que, previa visita concertada, toque que me atienda.

 

Ese día, el programado, me sentare delante del doctor, este buscara en la carpeta el informe, se asegurara preguntándome mi nombre que el informe que tiene en sus manos es el que corresponde a mi persona y, lo leerá minuciosamente.

 

Después, me dirá, -todo está perfecto, puede estar tranquilo, el año próximo por estas fechas volveremos hacer otro análisis, por el momento todo bien.

 

-Le daré las gracias y nos despediremos.

 

Saldré a la calle y, aunque llueva a raudales, veré el disco del sol sonriéndome, caminare más erguido, insultante. Gozo de buena salud y eso lo es todo, y me despediré del miedo durante un año más.

 

También cabe otra posibilidad, la de que el doctor cuando mire el resultado del análisis diga, -bueno no es nada, pero tiene que cuidarse, le voy a recetar unos medicamentos que tendrá que tomar y si sigue mis indicaciones no tiene porque preocuparse, no tiene mayor importancia. Dentro de un mes vuelve a mi consulta, para que pueda comprobar como sigue y a los tres meses realizaremos otro análisis para saber si han quedado controladas una serie de cosas que aunque no son preocupantes se tienen que vigilar.

 

-Entonces al salir a la calle, aunque el sol este en todo su auge, radiante, en el cielo veré unos grises nubarrones, me encogeré, y caminare encorvado, mirando al suelo.

 

El miedo se convertirá en resignación y diré –ya me lo esperaba, en fin, es ley de vida.

 

Y la última posibilidad es que el doctor empiece a enviarme a especialistas que me hagan pruebas y más pruebas para acabar ante un sicólogo, o sicóloga, e incluso el mismo doctor, para decirme que me queda un año de vida.

 

En ese caso cuando salga de la consulta seguro que veré el día como este, si es radiante veré el sol, si está nublado distinguiré las nubes y si llueve sabré valorar la lluvia en todo su esplendor. Si ocurre este último supuesto no sentiré miedo.

 

La vida es un tren, que como el, se construye, se pone en la vía y, discurre por ella sin salirse, hasta que, lo retiran por deteriorado y que no funciona o, descarrila y queda hecho añicos. No hay más-

 

El pensamiento de Ernesto sigue dando vueltas y más vueltas a todos los supuestos del fin de sus días. Y siente miedo. Miedo a padecer, a quedar sufriendo durante días, quizás años sin ninguna esperanza. Es el sufrir lo que le horroriza, no el dejar está vida. Sabe que un día más cercano o más lejos tendrá que irse. Puede sentir rabia si ese día llega muy pronto, pero no miedo. El miedo lo siente al sufrir inútilmente.

 

Llegado el día si el final tiene que ser de espera dolorosa no lo quiere. Su deseo es acabar la estancia en la vida por su voluntad, diciendo no quiero estar más quiero irme.

 

-Tengo miedo- sigue pensando Ernesto, -a que cuando la ciencia me diga

 

–No va más, tu vida se ha acabado Ernesto

 

-Una serie de individuos bien pensantes me hablen del amor de Dios. Un Dios que nunca me ha sido presentado y en el que no creo. Otros me digan que son jueces encargados de aplicar justicia. Los jueces son como dioses, todo lo saben y son infalibles, les debemos obediencia ciega. Todos juntos unidos me digan resignación Ernesto y no me dejen despedirme del sol, las nubes y la lluvia con dignidad de ser humano. A eso tengo miedo.

 

-Sin darse cuenta Ernesto ha pasado del pensamiento, a estar hablando sólo, y alzando la voz se le oye decir, -¡Reclamo mi derecho a morir con dignidad y cuando quiera!

 

-Pero Ernesto no podrá ver cumplido su deseo porque, esos señores tan buenos, que no hacen nada más que velar por nuestro bien y, esos otros tan justos, tan derechos ellos y, tan de ley, se lo impedirán.

 

Eso si, esos señores que le privan de su libertad, están viviendo, muy opíparamente por cierto, su vida a costa del heraldo público al que Ernesto contribuye pagando impuestos del escaso sueldo que no le cubre ni las necesidades mínimas para una vida digna.

 

Y, Ernesto piensa con rabia y, a gritos, -¡viva la justicia y viva Dios, los secuaces que la implantan y, la madre que los parió que no saben hacer nada más que quitarme la libertad con que nací!

Ernesto y, Sansón y Dalila

Abril 25, 2008

Ernesto estaba tendido boca arriba en la cama entre sabanas revueltas por una noche de lujuria. Miraba al techo con la vista fija, casi sin parpadear. Tenia el cuerpo invadido por un sosiego que le dejaba inerte, sin fuerzas para mover ningún músculo, ni siquiera para pensar.

 

Acababa de despertarse, de ahí la placidez que le invadía. No es que estuviera agotado por haber descansado mal, sino todo lo contrario, había descansado como nunca, pero es que esa noche la había pasado junto alguien que era la culpable del estado en que se encontraba. Se llamaba Dalila. No estaba a su lado, estaría por alguna parte de la casa, o habría marchado. 

 

-La verdad es que me gustaría que estuviera, pensaba Ernesto.

 

-Es una mujer que derrocha energía y cariño. Es melosa, de palabras dulces y mimosas y, experta en la cuestión de sexo.

 

Se la presento un compañero de trabajo en la fiesta de su cumpleaños, le dijo que era su prima. La verdad es que le dio igual que fuera prima, tía o sobrina. La cuestión es que salieron un par de veces, la de anoche fue la tercera.

 

-Lastima que ya haya marchado, siguió pensando.

 

De pronto, una voz gritona de falsete le retumbo en los oídos, haciendo que su cuerpo despertara del letargo.

 

-¿Cariño, estás ya despierto?. ¿Te hago un café?

 

-Es ella, Dalila, no se ha ido. La culpable de mi estado, y parece tan fresca, Su grito es de estar en plena vitalidad. Y si quiere comenzar de nuevo, ¿Qué hago? Porque decía que era su Sansón.

 

En ese momento a Ernesto le vino a la memoria la historia de Sansón y Dalila que se relata en el Libro de los Jueces, aunque el la recuerda  más por la película de Victor Mature y Heidi Lamarr. La había visto cantidad de veces porque su padre, que era aficionado al cine, la tenía en cinta de 8m. y, se la pasaba con una máquina de proyectar películas como se hacía antiguamente. Se la sabía casi de memoria.

 

Dalila despertó en Sansón tal pasión carnal que este sucumbió a los encantos de la bella de tal manera que una noche fue tal el desenfreno que tuvieron ambos que Sansón se desplomo totalmente agotado y sin fuerzas.

 

Entonces fue cuando los filisteos, advertidos por Dalila, acudieron prestos a hacerlo prisionero, encadenándolo.

 

Sansón, sin fuerzas por la noche de desenfreno que avía pasado con Dalila, se dejo hacer, lo único que se le ocurría era carcajearse, por lo que lo apresaron al son de ja, ja, ja.

 

Entonces Dalila le corto el pelo, no porque de el dependiera la fuerza de Sansón, como suele explicar la historia, sino como señal de que cuando le volviera a crecer es cuando estaría recuperado del desgaste amoroso de la lasciva noche, como así fue.

 

-¡Cariño!, ¿café?, volvió a gritar la voz de falsete

 

-¡Si, si, por favor!, ¡sabes donde está!

 

-¡Si, ya lo he encontrado!

 

-Y si esta Dalila es la reencarnación de la Dalila de Sanson. ¿Qué voy hacer? Se pregunto Ernesto.

 

-Si Sanson tuvo que esperar hasta que le creciera el pelo para recuperar la fuerza a mi me finiquita.

 

-¿Qué pensaría Sansón, cuando vio entrar en la habitación a los filisteos para apresarlo?. Seguramente diría, yo de aquí no me muevo. Uf, Dalila es mucha Dalila.

 

-Quizás también estaría boca arriba mirando el techo de la habitación.

 

Puede que también se preguntara

 

-¿Estará Dalila o habrá marchado?

 

-Lo que no escucho fue la voz de Dalila preguntándole si quería café. Pero en cambio la vio con las tijeras en la mano y pensó que le iba hacer de peluquera. Y, así fue solo que le puso el cero en la maquinilla o, en la tijera.

 

-Desde luego la historia es según el color del cristal desde donde se mira, según dijo el ilustre poeta …. ¿Quién fue? No me acuerdo ¿fue esa la frase que dijo?, es igual. Lo cierto es que la historia es según quien la explica.

 

-¡Cariño, vengo con el café!

 

Dalila, entro en la habitación con una bandeja repleta de pastas y café  y, UNA TIJERA.

El sueño de Ernesto

Marzo 31, 2008

mil.jpg

Aquella mañana Ernesto se levanto con alegría. Durante la noche tuvo el descanso sosegado, a pesar de que había tenido un sueño. Normalmente cuando soñaba se solía levantar con mal cuerpo. Pero esa mañana no fue así, por lo que, estaba contento y eufórico.

Se había despertado cuando el cuerpo se lo había pedido, sin ningún aviso acústico que le sobresaltara de su letargo, muchas veces de modorra, que durante los días laborables le mantiene a la espera  de oír sonar en la radio la sintonía de su emisora preferida que, le anuncia la hora en que tiene que levantar su cu