Los dos pajaritos

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Una vez en un nido, nacieron dos hermosos pajaritos que, bajo el alimento de la madre y la protección del padre, fueron creciendo sanos y fuertes. Uno de ellos era muy inquieto y atrevido, siempre lleno de curiosidad. Lo miraba todo desde los primeros minutos de haber salido del cascarón, por cierto lo rompió el solo. Aún sin habérsele desarrollado las alas empezaba hacer movimientos para querer volar. La madre se tenía que acurrucar encima de él para que no intentara saltar del nido y pretender volar, ya que aún no estaba preparado.

El otro en cambio era más parado. Cuando la madre llegaba con comida en el pico ni si quiera hacía el gesto para cogerla y entre el padre y la madre, lo empujaban para que tomara el alimento. Al nacer fueron los padres quienes tuvieron que romperle el cascaron para que asomara la cabecita. Le podían dejar suelto por el nido, sin ninguna vigilancia ya que tenía demasiado temor a caer fuera del nido.

Llego el día en que papá y mamá pájaro, pensaron que era el momento en que les tenían que enseñar a volar. El inquieto enseguida se lanzó para emprender el vuelo. Se caía y se caía, una y otra vez. La madre bajaba a tierra, lo recogía con el pico, y lo volvía a subir al nido, para que volviera a intentar volar. Así estuvieron hasta que lo logró.

El otro pajarito, el parado, no hacía nada más que reírse cada vez que veía a su hermano caer, como diciendo –que tonto, vaya porrazos se está dando. Yo de aquí no me muevo- Y, por mucho que el padre y la madre le azuzaban para que saltara y aprendiera a volar, no había manera. Del nido no se movía.

El pajarito inquieto aprendió pronto a volar. Se movía por el cielo con toda libertad buscándose la comida. Mientras tanto, el otro allí seguía sin moverse esperando que llegara la madre con el alimento en el pico.

Un día que los dos estaban solos en el nido, el pajarito inquieto increpaba al otro a que saltara. Pero el otro nada, ni por esas que no se movía, el temor a dar con sus plumas contra el suelo le atenazaba. En eso, de pronto aparece por allí un enorme pajarraco, tan grande era que con las alas desplegadas tapa el Sol, y los padres no estaban para protegerlos. El pajarito inquieto salto rápido del nido y echo a volar, lejos de las garras del opresor, mientras el otro se quedo paralizado queriendo echar a volar pero no se atrevió. El pajarraco volando por encima del nido puso su garras sobre el otro pajarito y se lo llevó, seguramente con intención de alimentar a sus crías con el. El pajarito inquieto viendo la escena fue tras el pajarraco y llegando a su altura empezó a picotearla las garras para hacerle soltar la presa, al tiempo que le decía al otro, -pica tú también y en cuanto puedas salta. Esta vez sí, el otro picoteo, se soltó, y salto volando y, así los dos pudieron huir de las garras del pajarraco.

05.2

A partir de aquel momento el otro aprendió la lección y, en la bandada los conocieron como los dos pajaritos inquietos.

No se equivoca aquel que ensayando el vuelo cae, se equivoca quien por temor a caer, renuncia a volar.

Eduard M. Lledó

junio de 2015
(derechos de autor)

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Una respuesta to “Los dos pajaritos”

  1. Superduque777 Says:

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