El dragón que se convirtió en monstruo (microrelato)

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Esta historia comienza como todos las fábulas que se les cuentan a los niños para que se duerman. Solo que está se cuenta para que estén despiertos, y bien despiertos.

Una vez en este lugar habitaban Dragones pequeñitos que echaban fuego por la boca. Continuamente se peleaban entre ellos, la mayoría de las veces por simples tonterías, por pequeñeces que no conducían a ninguna parte. Lo único que intentaban era mandar, unos sobre otros. Eran tan fieras las peleas que llegaban a morir en las contiendas matando al mismo tiempo miles de personas.

Los Dragones se alimentaban bien y cada vez se fueron haciendo de mayor tamaño, algunos crecían en exceso y dejaban a los otros muy pequeñitos.

No obstante no todos los dragones eran belicosos. Los había que se dedicaban a investigar y hacían mucho bien a los humanos. Otros eran aventureros y solían descubrir lugares nuevos del planeta. De esa manera se hacían más fuerte y grandes de lo que ya eran.

Un grupo de dragones aventureros se subieron a unas barcazas y después de pasar muchos días en alta mar llegaron a una nueva tierra. Allí, pasados los mares, empezaron a ir dragones de los fuertes y, con el fuego que echaban por la boca, arrasaron a unas pequeñas lagartijas que habitaban en aquella tierra.

Se hicieron los amos del lugar y uno de ellos empezó a transformarse en un ogro muy poderoso. Llego a mandar en todas partes del mundo. Su fuego era el más potente, su llama la que llegaba más lejos, por eso todos les tenían miedo y las gentes del lugar empezaron a llamarlo monstruo.

El monstruo a veces parecía dormir. Pero solo lo hacía ver. En el momento que había algo que no le gustaba, lanzaba su larga llamarada y asolaba lo que encontraba a su paso. De esa manera ganaba todas las diferentes opiniones de los demás dragones y lagartijas. Era el monstruo quien marcaba la diferencia de poder y ni los humanos lo podían derrotar.

Una vez el monstruo llevó a cabo la monstruosidad más grande jamás conocida. Se estaba enfrentando con otros dragones pero no podía ganar la contienda. Era tanta la soberbia que le corría por el cuerpo, que no le dejaba razonar y no hacía caso de los consejos de los dragones amigos. La sed de hacer daño, de demostrar a todos que era el más poderoso crecía con su maldad, y llevo a cabo un lanzamiento de fuego, tan grande, que la llamarada salió de su boca en dos arrebatos, matando de una sola vez centenares de miles de dragones y de las gentes que allí vivían.

Fueron dos fogonazos que hizo que subiera desde el suelo hacia el cielo una columna de fuego y formó resplandor tal que no se veían entre ellos, con una calor tan fuerte que no se ha llegado a describir. Después del resplandor, que por cierto dejo ciego a la mayoría de los dragones, apareció un disco rojo por el horizonte, como si saliera el sol y se hizo tan grande que envolvió a todos quemándolos igual que si estuvieran dentro de las brasas. Ya quemados dragones y ciudadanos, quedaron envueltos en una nube de color de rosa. Las madrigueras de los dragones y lagartos y las casas de las gentes derruidas. Nada quedo en pie.

Después de esas dos llamaradas parecía que el monstruo se había apaciguado echándose a dormir. Pero no ha sido así. En el momento que hay algo que no le gusta salta de nuevo. De momento no se ha tenido que emplear con tanta fuerza pero sigue echando fuego. Los dragones están sujetos a los caprichos de monstruo y las personas del planeta viven atemorizadas, no sea caso que el monstruo que solo está dormido se despierte de nuevo.

07.2

En las fabulas siempre aparece un príncipe que mata al dragón y salva a la princesa. Pero a la realidad todos los príncipes son unos miedosos y viven a las órdenes del monstruo sin atreverse a cortarle la cabeza para salvar a los pueblos.

Por eso en estas fechas, 6 de agosto, los seres humanos recuerdan la terrible tragedia en la que el monstruo mató a centenares de miles de personas, para que todos los que no estuvieron allí sepan lo que pasó, con la esperanza de que algún día salga un príncipe rojo que sea capaz de cortar la cabeza del monstruo y de toda la corte de dragones que le acompañan.

Por eso los niños de hoy tienen que estar despiertos, y muy despiertos, por si vuelve el monstruo.

(En este relato cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. ¡Aunque lo hay!)

Eduard Martínez-Lledó
(derechos de autor)
Agosto-2015

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