Un día de Reyes Magos

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poesias-de-ernesto

08.1

El niño, once años de edad, leía en la cama antes de dormirse un libro de aventuras, La isla de Coral de R.M. Ballantyne, en el cual salía un personaje que tenía su mismo nombre, Pedrito, lo que hacia se concentrara aún más de lo habitual cuando se enfrascaba en la lectura.

Era la tercera vez que su madre le avisaba.

¡Pedrito! apaga la luz y adormir, que como los Reyes te encuentren despierto no te dejaran nada. O aún peor, te encontrarás con un saco de carbón.

No había nada que a Pedrito le molestará más como que le interrumpieran en la lectura, perdía el hilo y tenía que volver atrás para seguir la trama. Además, según le parecía, su madre pensaba que era un niño pequeño. –Soy niño, pero ya se lo que es la vida- se decía para sus adentros.

-¡Pedrito! Te he dicho que apagues la luz y te duermas.

-¡Vale!- le contesto a la madre mientras apagaba la luz -pero de dormirme nada, pensaba. Mamá, no sabe que ya se el cuento de los Reyes. Como si no supiera que son Papá, y Mamá los que me compran juguetes, y los abuelos. A lo mejor ellos si me traen Veinte mil leguas de viaje submarino de Julio Verne. El profe en clase nos explico un aventí del libro y me gusto mucho, ojala me lo compren . . . . y se durmió.

Aquella noche Pedrito soñó que era el ayudante del Capitán Nemo y lo nombraba Primer Teniente del submarino Nautilus. En casa sonaba el teléfono y su madre se ponía al aparato recibiendo la orden de que avisara a su hijo para que este se presentara en el puerto. Debían embarcar de inmediato para una misión secreta y peligrosa. Al subir al submarino encontró al profe que había explicado la aventí en clase, preparando el arpón para enfrentarse al monstruo marino.

Pedrito le decía al Capitán que tenía que volver a casa, ya que era la noche de Reyes, pero el Capitán no quería oírlo, le gritaba -¡de este submarino ya nadie puede salir!

Mientras Pedrito estaba sumido en su sueño, sus padres en el salón le preparaban los regalos para que, al despertarse se los encontrara. Como cada año, el hijo entraría a la habitación y los despertaría lleno de alegría, para ir abriendo los paquetes de la ilusión, ante la presencia de los padres.

08.2

El padre disponía, con sumo cuidado de no hacer ruido, no fuera a despertarlo, una especie de muñeco soldado, con su uniforme y todo,  llevando colgado en el pecho una especie de cartuchera repleta de balas, y una metralleta apuntando, el cual producía un ruido que asemejaba una batalla bélica.

Más allá del muñeco militar dejaba un helicóptero de transporte de tropa, teledirigido, en el cual se encontraba una clave para conectarse a través de una máquina, la Play S . . . y poder acceder al juego de una batalla, el cual podía llevar acabo contra la máquina o un amigo, que durante el juego se convertía en enemigo.

-Papá, no serán muy violentos todos estos juguetes para su edad- dijo la madre

A lo que el padre contesto –Cielo, el niño se nos tiene que  ir haciendo un hombre. Que tus padres ya se encargan de mariconearlo. ¿Que le regalan?

-Pues el libro que ha pedido Veinte mil leguas de viaje submarino y También la vuelta al mundo en ochenta días.

-Lo que te decía los abuelos lo mariconean, al final nos saldrá sarasa.

Por la mañana los padres a una hora tempranera empezaron hacer estruendo para despertar a Pedrito y que este acudiera a la habitación, donde estaban haciéndose el dormido y el niño los despertara.

Una vez todos despabilados acudieron a ver lo que los Reyes Magos habían dejado en el salón. El niño miró los juguetes con complacencia pero, en su cara no brillaba toda la ilusión que padres habrían querido ver. No obstante supo hacer el suficiente peloteo para contentarlos y que gozarán con caída de baba incluida.

A la hora de la comida llegaron a casa de los abuelos maternos donde recibió el regalo de las dos obras de Julio Verne. A Pedrito en ese momento si le brilló el rostro. El sueño de la noche de Reyes se le iba a cumplir, ya lo tenía entre las manos. Era feliz.

Eduard Martínez-Lledó

Enero de 2016

(derechos de autor)

(Aunque por suerte cada vez son menos las familias en que sucede una historia como la de Pedrito, todavía son demasiadas en las que si sucede. Esta sociedad se lo debe hacer mirar.)

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