El cuento del nunca acabar

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cafc3a9-de-ernesto-Buenos días.

-Buenos días señor Ernesto.Café.

-Gracias.

En la tierra de la piel de toro, ese país rodeado de agua por todas partes menos por una que la une al continente, Europa, por más señas, y que está en la península ibérica, a la que los romanos llamaron Hispania, supongo que ya se habrán dado cuenta que hablo de España.

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Pues bien, ahora que ya saben de donde hablo, sepan queridos lectores y queridas lectoras, que aquí pasan cosas muy raras, a pesar que andamos por el siglo XXI y del segundo milenio después de Cristo, les explico:

Hay una señora, de cuyo nombre si me acuerdo pero no quiero decirlo no sea caso que por tal fechoría me cierren la página y me pongan una multa, o me busquen las cosquillas. Sigo, esa señora es poeta, pero poeta de las buenas, no por eso los malos poetas tenemos que dejar de escribir poemas, al fin y al cabo no hay malos poemas. Los poemas nunca pueden ser malos, en todo caso hay poetas no demasiado diestros en explicar sentimientos, . . . y sigo, a esa señora le han dado un Premio Gordo, en su tierra, Catalunya, por escribir un poema, según mi entender, sobre la oración a la virgen de los creyentes. La poeta la siente como mujer y madre en la tierra.

Comprendan los que me leen que ser virgen y madre de hijo natural, no adoptado, sólo puede ser obra del Espíritu Santo, no está al alcance de los mortales, creérselo es cuestión de tener fe, y mucha fe.

Por tal hecho, para algunos, fechoría, a la poeta la van a juzgar, ya que, señoras y señores los que tienen fe no toleran a los que no tenemos. Nosotros si que toleramos a los que tienen fe.

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Lo curioso es que gentes, no una, gentes a puñados que han robado, incluso miles de millones de Euros están en la calle sueltos, paseando, dándose buenas comilonas, buenos viajes, en fin disfrutando de la vida, a costa de que no se pueda pagar la sanidad para salvar vidas, no se puedan crear escuelas, padres y madres no tengan trabajo y no puedan alimentar a los hijos como es debido y la juventud de ambule por las calles sin porvenir, etc., etc.

Es curioso esos hombres y mujeres que roban y que se pasean por la ciudad sin que nadie les diga nada, son creyentes, tienen fe, son buena gente. A lo mejor se confiesan a diario y así se les perdonan las malas acciones que hacen a diario.

Esto es el cuento del nunca acabar.

-Hasta mañana.

-Hasta mañana señor Ernesto.

Me pongo la boina y me voy del café.

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