¿Nos vemos a los setenta?

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cafc3a9-de-ernestoLa historia que escribo a continuación os gustará más, o menos, considerareis que está bien, o no vale para nada. De sobras se que no obtendrá el premio Nobel de literatura, ni lo pretendo, todavía no soy tan iluso.

La historia puede haber pasado y, puede estar pasando, lo que ya es más difícil que en el devenir del tiempo pueda llegar a pasar, que no digo que no. Pero me a honda el pesimismo cuando leo noticias como la que ayer a última hora en El País digital, “A quién vende armas España”.

02.4

El segundo país en importancia de abastecerse de nuestra venta de armamento es Arabia Saudi con más de 556 millones de Euros. ¿Dónde acabarán esas armas?

Agarré tal depresión que, inspirándome en una poesía que tenía escrita, desarrolle está historia que cada día que pasa es más difícil que ocurra. Disculpen que hoy me haya extendido más de la cuenta, pero es que la indignación me llega a lo más profundo de mí, y es lo único que he sido capaz de transcribir.

*

No se si te acordarás. Tu risa sabe a canto, ni el jilguero afina tanto -te decía cuando te reías.

Se apeo del vagón del metro con paso cansino, que le proporcionan los años, como si no tuviera rumbo a donde ir. Se fijaba en los anuncios que nos aconsejan que comer, que beber o a donde ir de vacaciones, como si le importara. Busco la salida adecuada, algo que ya sabia con los ojos cerrados. Miro la hora en el reloj de la información del andén, después en el del móvil y también en el reloj de pulsera. Los tres relojes marcaban las 8’30 de la tarde.

Saco del bolsillo un pequeño calendario para comprobar que era el día adecuado. Primer jueves después de la revetlla (verbena) de Sant Joan (San Juan).

Siguió con el mismo paso cansino hasta llegar al vestíbulo del metro, de nuevo comprobó la salida adecuada, que no le hacía falta.

Ya en la calle volvió a comprobar la hora, las 8’45, mientras pensaba que era una tontería, lo que estaba haciendo. Acudía a una cita programada hacía 50 años y desde el día que la planearon no se habían vuelto a ver. Ni ninguna clase de contacto, ni siquiera unas líneas de felicitación por el cumpleaños, ni desearnos buenos deseos por las fiestas de Navidad, ni por Año Nuevo.

-Como pretendo que Purita se acuerde de mí. -Se decía para sus adentros.

-Tampoco tengo nada mejor que hacer, me sirve para recordar.

Todo empezó una nit de Sant Joan (noche de San Juan) Ernesto, y Purita, tuvieron por aquel tiempo, cuando contaban veinte una aventura de juventud. Se citaban para hablar de sus cosas en un banco muy discreto debajo de un árbol en la zona ajardinada a la que ahora se dirigía Ernesto. A pesar de la edad juvenil, nunca habían echo planes para nada más que la próxima cita.

Ambos sabían que en un momento sus vidas deberían separarse y ese momento había llegado. Ernesto practicaba el fútbol y su equipo lo cedía a Andorra para jugar en una categoría que en su vida deportiva no le llevo a nada. Purita a la semana siguiente de ese último encuentro, salía hacía Londres, donde debería pasar tres años con unos tíos para perfeccionar el idioma, entraba dentro de los planes para culminar los estudios de carrera universitaria.

Nada se habían prometido y aunque la despedida tuvo su punto amargo no fue trágica y para hacerla llevadera se citaron dentro de 50 años, el primer jueves después de la nit de Sant Joan, estuvieran donde estuvieran y fueran las circunstancias que fueran, en el banco donde se despedían, se volverían a encontrar. Si el banco no estuviera, se encontrarían en su lugar vació, ya que daban por cierto, que el parque seguiría estando, o eso esperaban.

02.3La idea fue de Purita que le dijo a Ernesto -¿nos vemos cuando tengamos setenta años?

-Yo llegaré primero –le contesto Ernesto

Hoy era el día programado, el día de la gran cita y Ernesto quería llegar antes como le había prometido. Tenía sus dudas, primero, de si se acordaría, segundo, si se atrevería, porque a él, le estaba costando el llegar, tercero, si podría y por último, el peor de todos, a lo mejor no estaba entre nosotros. Si Purita no aparecía nunca querría saber por qué.

Faltaban cinco minutos para las nueve de la noche, él se detuvo delante el banco. Por suerte estaba vació. Se sentó por si alguna pareja quería adelantarse, aunque dudo al darse cuenta que, daba por hecho que vendría.

El campanario de la iglesia del parque lanzaba las campanas al vuelo y sonaron nueve veces, era la hora y el día acordado.

Ernesto miró a lo lejos, y debajo de una de una farola diviso una elegante dama que miraba hacia el lugar. Estaba parada sin moverse. Se levantó del banco, entonces la señora elegante poco a poco fue acercándose. Cuando estuvieron uno enfrente al otro se miraron fijamente a los ojos, para reconocerse. Purita, fue la primera en hablar –Tenia la certeza de que te acordarías –dijo mientras reía.

-Tu risa sabe a canto, ni el jilguero afina tanto –le contesto él.

Se sentaron, se abrazaron y se besaron como cincuenta años atrás.

Ahora los dos volvían a estar solos. Unicamente les acompaña un recuerdo con otra pareja y los hijos que han tenido durante el caminar por la vida.

A partir de ese momento se suelen ver con frecuencia y Ernesto que en la vida profesional se dedico a escribir le hizo un poema,

*

02.5

A los setenta

No se si te acordarás.

Tu risa sabe a canto

ni el jilguero afina tanto,

te decía cuando te reías.

A pasado el tiempo,

la juventud ha escapado.

No hubo planes, sólo

vernos a los setenta.

 *

Estoy en aquel banco

oculto bajo un árbol,

donde nos besábamos

sin nada prometernos.

 *

Aquella tarde dijiste,

¿nos vemos a los setenta?

Yo llegaré primero,

respondí sin titubeo.

He cumplido mi promesa,

aquí estoy, esperando.

Ha cambiado el entorno

y el banco han respetado.

No se si venir podrás

O, si te atreverás,

pero allí donde estés

se que te acordarás.

 *

Te acordarás, hoy es el día,

volveré a oír tu risa.

Miro con impaciencia

escucho con atención.

 *

Vendrás a los setenta.

Tu risa sabe a canto

ni el jilguero afina tanto,

te diré, cuando te reías.

Eduard Martínez-Lledó

Derechos de autor

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Una respuesta to “¿Nos vemos a los setenta?”

  1. literatoluisrodriguez Says:

    Si el amor se impusiera a la guerra seríamos mejores seres.
    Evolución? Creo que nos detuvimos.
    En contaposición el amor venciendo a los años.
    Es un gran contraste, amor e ilusión cotra vida.
    Al final, quién ganará?

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