El cuento del nunca acabar

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Os voy a contar un cuento con la esperanza de que os gustará. Si así no fuera, pues como el personaje del cuento a esperar que, el enfado por haber perdido el tiempo leyendo el cuento, ¡ya os pasará!

Julio Godoy – Ilustración

Veréis, erase una vez un piel de toro que la extendieron en el centro de una península y, los ciudadanos del lugar, empezaron a estirar para quedarse con ella. Unos, estiraron  por aquí y otros por allá. Estirando, estirando, todos llegaron al mar, menos unos que se quedaron al pie de unas montañas nevadas.

Como todos querían mandar en la tierra que ocupaba la piel de toro se liaron a luchar entre si, en vez de sentarse hablar y repartírsela como buenos hermanos. Mientras luchaban, llegaron otras gentes de otros lugares y fueron quedándose con el territorio, una vez unos, otra vez otros.

Total, para no cansaros, guerrearon hasta la época de nuestros padres para unos y abuelos para otros. Hasta que llegaron unos guerreros que los capitaneaba un general malo, tan malo, que echaba fuego por la boca y mataba a todo quienes a él no se sometían.

Pero como todo en este mundo es finito, ha ese general le llego el fin, y las gentes del pueblo pudieron hablar, saltar y correr por las calles sin que nadie les persiguiera. A la hora de mandar, primeros lo hacían unos que eran colorados, después otros de color azul. Los dos no querían a nadie más, ni de color morado, ni violenta, ni tan solo verdes, Solo rojos y azules.

Con esas llegó al gobierno de la tierra de la piel de toro, un gobernante, un señor muy ligero, que lo que el pueblo dijera le tenia sin cuidado, el se sentaba en el porche de palacio viendo pasar el tiempo, hasta que el tiempo lo solucionaba.

Las gentes del lugar, veían que bebía vino en demasía, pues la tierra era y es de buenos vinos, por eso el gobernante cogía buenas turcas. Cuando le decían, que no bebiera vino que hacia daño a las gentes del país, negaba lo evidente, tantas veces como hiciera falta, y él, en el porche del palacio a esperar. ¿Esperar el qué? El sabrá.

Tal, es el atavismo del gobernante que, ahora las gentes de la tierra de la piel de toro se han sentado a esperar. ¿A esperar el qué? no se, ellos sabrán.

FIN.

Espero que el cuento os haya gustado, porque es el Cuento del nunca acabar.

http://cuentosinfantiles.biz/cuento-quieres-que-te-lo-cuente-otra-vez/

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