Tirados en la carretera

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Iba por la ruta un autocar repleto de pasajeros, en la que por ahorrar costes, marchaba por la carretera en vez de ir por la autopista.

Antes de llegar a la mitad del largo trayecto que tenía que llevar a destino al pasaje, el autocar se paró. Dejando tirados a unos pasajeros elitistas, más que de elite, que iban acomodados en los mejores asientos, y un sinfín de viajeros de segunda. Pasó por falta de previsión, por falta de gasolina.

Las gasolineras de la carretera estaban cerradas por bajo rendimiento de negocio. Se habían instalado en la autopista.

¡Crisis! Se había desencadenado la crisis del autocar.

Sin cobertura de móvil, ni de red de datos, en estos tiempos hay que prevenirlo todo, sino ya saben, te pillan.

Nada más les quedaban dos opciones, una, empujar el autocar hasta destino, otra, abandonar el vehiculo con las maletas dentro y marchar a pie.

Optaron por la primera opción y todos bajaron a empujar, excepto los de la clase acomodada que como ya iban bien estilados, al quedar el aforo mucho más amplio, pues iban mucho mejor.

Como siempre pasa, cuando hay que solventar una crisis, a la hora de empujar, invariablemente siempre son los mismos, los de segunda clase. Suelen decir –es que son más- claro que los de segunda clase son más, no te ¡_oé!

Total, los que empujaban, que por cierto estaban acostumbrados, ya que su vida consistía en vivir a empujones, llevaron el autocar a escaso doscientos metros. Allí pararon, y decidieron reunirse en asamblea. Estuvieron debatiendo, desde primera hora de la mañana, hasta la hora de comer, hora española, las 15:00.

Finalizada la asamblea se dirigieron al autocar para buscar la vianda con que saciar la gula, a base de chorizo, queso, butifarra, con pan y algún pa amb tomàquet  (pan con tomate).

Cuando, -¡ostia!- dijo el catalán. –Y el autocar- No estaba.

Lo ocurrido fue a la mitad de una fuerte pendiente que acaba en el plano de una colina y empieza en el Mediterráneo.

Lo que se, es que, un grupo de pasajeros de segunda clase, los que me han contado la historia, caminando, caminando, llegaron hasta Alemania. Hoy, trabajan allí en una fábrica. Están contentos.

Por vacaciones vienen quince días a España a un hotel de la Costa Brava con la familia y se lo pasan en grande. Desde la terraza del hotel miran al Mediterráneo por si, en alguna de aquellas casualidades vieran aparecer el autocar.

Es curioso, pero, el autocar se llamaba España.

¿Les suena de algo la historia?

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