
Primer Concurso Internacional de Literatura Rápida 2009 El Expreso – Biblioteca Vapor Vell (Barcelona).
Obra Guanyadora
Café con canela
Autora: Maria Isabel Vergara
-Adelante, la puerta está abierta – el extraño acento de la futura profesora de piano de nuestra hija nos recibe tras la puerta entreabierta que deja escapar un intenso olor a café con canela. Es el mismo aroma que inundaba el autobús cada mañana cuando Madame Réveillon subía en la parada de Pl. Catalunya. Yo seguía su elegante figura mientras avanzaba por el pasillo con la mirada del niño enamorado de su profesora de música. Después, me sumergía de nuevo en la lectura de una novela de piratas donde me refugiaba para evadirme del desdén de mis compañeros de clase por ser la cuota de solidaridad del colegio de clase alta, por ser el hijo del bedel de la escuela.
Corriendo, la niña se precipita hasta la salita presidida por un modesto piano y una mesa preparada para el café. 20 años después y a 5.000 km de distancia, reconozco las tazas y los platos de colores como pétalos alrededor del azucarero, colocados con una precisión que roza la obsesión. La guerra me permitió descubrir estas extrañas manías de Mme Réveillon cuando me ofreció ganarme unos reales cuidando a su hija Emma mientras ella daba clases de piano en casa a los niños bien. Mi padre había muerto en el frente y mi madre y yo subsistíamos a la miseria en un diminuto piso de la Barceloneta gracias a lo que ella ganaba limpiando las casas de mis compañeros de clase. En nuestras conversaciones en el trayecto del autobús, Mme Réveillon había intuido que yo era un adolescente responsable, capaz de cuidar de la pequeña Emma. Al tiempo que abandoné la niñez, dejé a un lado mis lecturas en el autobús y reuní el valor suficiente para ofrecerle sentarse a mi lado. Así podía escuchar embelesado su acento francés mientras aspiraba ese aroma a canela que alimentaba mis fantasías.
En aquella época en que el sonido del hambre ensordecía la ciudad y mi madre cocinaba hasta las peladuras de patata, Madame Réveillon me invitaba cada tarde al bajar del autobús a tomar un suizo en una pastelería de las Ramblas. Ella se perdía absorta en las ondas de su taza de café con canela y yo naufragaba en su boca, esperando el sublime momento en que su lengua limpiara la espuma tostada de sus labios.
Sólo una vez en mi vida probé ese sabor de café con canela, y fue de sus labios. Volver a beberlo habría sido como regresar a aquella tarde de marzo del 37. El último de sus alumnos ya se había marchado y yo me despedía de Emma anudándome la bufanda, cuando el aterrador sonido de las sirenas anunciando un bombardeo nos empujó a los 3 escaleras abajo a buscar refugio en el sótano del edificio.
Durante las 24 horas siguientes, las bombas no dejaron de caer y nosotros solos y encerrados casi a oscuras en aquel agujero no cesamos de hablar para distraer al miedo. Discutimos sobre música, conversamos sobre novelas, me confesó el fracaso de su matrimonio, le revelé la vergüenza de mi condición de prestado en el colegio, nos reímos juntos de anécdotas e historias escolares. En un momento de aquel encierro, el frío y el miedo acercaron su cuerpo al mío. Afuera, la ciudad ardía en un incendio de bombas y yo me encendía con el olor a canela que despedía la proximidad de su piel. Mientras Emma dormitaba en un rincón, yo probaba el sabor a café de sus labios y vi erizarse su vello rubio con el roce mis caricias.
Fue nuestra primera y única noche juntos. Tras aquel encuentro desapareció. Desesperado la busqué entre las ruinas de mi ciudad, en los tortuosos senderos del éxodo, en los solitarios callejones del exilio, en la guía de teléfonos de media Francia. Pero nunca supe su nombre de pila. Y ahora la encuentro saliendo de la cocina con su cafetera oxidada, abandonada por los años y habitando un pequeño piso del norte de Londres, sobreviviendo nuevamente con clases particulares de piano.
-Hola soy Mathilde – saluda desvelando al fin el misterio de mi vida.
-Yo soy Emma – responde mi hija y un velo de niebla inunda sus ojos. Reconozco el dolor en el rictus de su boca. Es el mismo que nos despertó aquella mañana de marzo cuando descubrimos que Emma había desaparecido. La encontramos 3 horas después, su cuerpo destrozado por una bomba bajo los restos del autobús 59.
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Entrevista: Matia Isabel Vergara
Mi boina
El pasado 14 de noviembre en Barcelona, se celebro el “Primer Concurso Internacional de Literatura Rápida 2009 El Expreso”. Una brillante idea de la Biblioteca Vapor Vell (Barcelona).
Quien mejor define lo que para los aficionados a la literatura representa la iniciativa, es su ganadora la joven M. Isabel Vergara, cuando expresa que, “es poner un poco el foco sobre esa literatura anónima que tantas personas cultivan en la intimidad de sus casas sin otra intención que la pasión por escribir.”
Por eso he hablado con ella, a lo que muy amablemente ha aceptado
-Maria Isabel, enhorabuena por el premio
Muchas gracias. Te agradezo que contemples un espacio en tu blog para dar difusión al premio y al cuento, porque también significa es poner un poco el foco sobre esa literatura anónima que tantas persona cultivan en la intimidad de sus casas sin otra intención que la pasión por escribir. Por eso también hay que agredecer que existan iniciativas como la del Premi de Literatura Rápida L’Expres para animarnos a salir de nuestro escondite. La verdad es que siento como una especie de pudor a mostrar mis escritos de ficción porque es como revelara cosas muy íntimas, así es que me resulta extraño que lo esté leyendo tanta gente, pero reconozco que es muy emocionante cuando la gente te explica que les ha gustado mucho el cuento, que se han sentido atrapados o emocionados con una historia que hasta entonces era sólo tuya y ahora puedes compartir con los demás.
-Primero de todo, me tienes que explicar como se hace un “Café con canela” porque cuando leí “…la puerta entre abierta que deja escapar un intenso olor a café con canela…” me entraron unas ganas irresistibles de tomar una tacita. Tuve que levantarme de delante del ordenador e, ir hacerme un café, normal claro.
No te lo vas a creer pero nunca me he hecho un café con canela. Ni si quiera tengo canela en mi casa. Eso sí, lo he tomado a veces en alguna cafetería (simplemente cuando el café ya está hecho igual que le pones azúcar le añades canela en polvo) y tengo que confesarte que no es mi sabor favorito. Me vino a la cabeza el tema del café porque uno de los premios del concurso era una cafetera, pero no quería que fuera un olor a café cualquiera, sinó uno que fuera muy particular para que fuera el eje que guiara los pasos del protagonista por el piso y a la vez por sus recuerdos. Siempre me ha impresionado la capacidad que tienen los olores para evocar sensaciones del pasado, así que quería que sólo entrar por la puerta el impacto del olor fuera tan fuerte como para trasladar al protagonista a otro país y otra época.¡Ah, y yo prefiero el café con chocolate, con vainilla o con caramelo! Pero la canela me sugería algo más añejo, como la época de mis abuelas.
-Me ha sorprendido gratamente que, una persona tan joven, haya sabido relatar tan bien, una de tantas historias de la barbarie de este país. Ni tú, ni tus padres vivisteis aquel tiempo, por lo que intuyo que has sabido informarte muy bien.
Cuando tienes 90 minutos para pensar, escribir y, no lo olvidemos, pasar a limpio y buena letra una historia tienes que recurrir a lo conocido, a aquellos ambientes que no te cueste esfuerzo retratar. Por un momento pensé en situar la historia en el presente, en el autobús que yo tomo cada día para ir al trabajo. Pero al presente le faltaba ese ingrediente nostálgico y evocador que a mí me gusta encontrar en la literatura y que creo que es uno de mis puntos fuertes. Y el ambiente del pasado que más he trabajado y sobre el que más me he documentado es la Guerra Civil. Hice el trabajo de final de carrera sobre los bombardeos en Barcelona, me gusta leer libros sobre esa época y escribir relatos que sucedan en aquellos días. Me gusta escribir sobre una guerra donde se pusieron en juego tantos ideales, tantas ilusiones, y porque narrativamente es un ingrediente muy interesante: la guerra rompe por la mitad la existencia de las personas, altera completamente la vida cotidiana, pone a las personas al límite hasta empujarlas a comportarse como nunca lo harían. Imagino que puede sacar lo mejor y lo peor de cada uno. Y en este caso, la guerra lleva a dos personas al amor, al sexo, o digamos a una intimidad que tal vez en circunstancias normales nunca se habría producido.
-En el Primer Concurso de Literatura Rápida El Exprés el relato se tenía que desarrollar en hora y media. Dime, te sobro tiempo o, te fue justo.
¡Muy justo! Sufrí muchísimo, sobre todo pasando a limpio el cuento. Me sentía como en un examen. Estás acostumbrado a escribir en la tranquilidad de tu casa, sin prisas… de pronto aquella presión del tiempo. Al principio te bloqueas porque no se te ocurre nada y casi escuchas el tic-tac del reloj en tu cabeza. Y lo peor es pasarlo a limpio. Pensaba: ahora que lo tengo escrito, si no me da tiempo a pasarlo a limpio, ¿qué hago? O peor.. ¿y si se me acaba la pàgina (teníamos dos páginas pautadas para escribirlo) y aún no he acabado el cuento? De hecho, el final me ocupaba 2 o 3 párrafos. Iba por la mitad del cuento pasándolo a limpio cuando un responsable del concurso anunció: ¡estáis en los 10 minutos de prórroga! Me empezó a temblar la mano y ya era imposible hacer buena letra. Así que no sé cómo pero resumí los dos párrafos del final en una línia. Es lo que más pena me ha dado del cuento, que el final queda tan precipitado que tal vez haya gente que no lo entienda o que tenga que volver a releerlo para retomar el hilo. Me habría gustado recrearme más en la búsqueda y el descubrimiento pero no había tiempo.
-Cuando escribes, el duende de la inspiración te llega en cualquier momento o, siempre trabajando, digamos con bolí y papel.
Podríamos decir que la semilla de la inspiración se siembra en cualquier momento, pero para que crezca y dé frutos hay que regalarla y abonarla con trabajo y esfuerzo. Y es que una cosa es la idea que surje de pronto ante una escena, un comentario, un recuerdo (aunque reconozco que para atrapar esas ideas necesito estar sola y en momentos de reflexión como un trayecto en autobús por ejemplo, también por eso me senté de espaldas al resto y frente a una ventana en el concurso para sentirme más aislada), pero luego sentada frente al ordenador has de hacer un trabajo de estructura, enfoque, búsqueda de las palabra adecuadas, ensayos, pruebas, correcciones, … y de boli y papel nada, he perdido la costumbre de escribir a mano. También me resultó difícil el concurso por ese motivo.
-Maria Isabel, háblame un poco de ti, a que te dedicas. Tienes algo publicado.
Pues soy periodista, que en contra de lo que mucha gente piensa no siempre es el mejor oficio para cultivar la literatura. De hecho, todo lo contrario. Me hice periodista porque me gustaba escribir, y al final el periodismo me ha alejado de la literatura. Por varios motivos. Por ejemplo la manera de escribir es totalmente distinta y tomas unos hábitos que acaban matando tu estilo literario. El periodismo es claro, concreto y conciso. No hay lugar para el lirismo. Y por otro lado, el inconveniente de tener el privilegio de ganarte la vida con lo que más te gusta, escribir, es que en tu tiempo libre lo que menos te apetece es escribir. Así que literariamente no tengo nada publicado. Como periodista, soy responsable de prensa de una fundación que trabaja en temas sociales y educativos, también escribo desde hace siete años reportajes de pareja y de bienestar en la tercera edad en la revista Saber Vivir/Muy Saludable, colaboro con una web feminasonline.com donde escribo de temas de pareja, formación y ocupación, viajes. Y también tengo un blog: http://illthinkaboutittoday.blogspot.com/
También tengo publicados algunos materials sobre temas de violencia de género y algunas guías de viaje. Hace unos años gané el premio Tiramilles de la Diputación de Barcelona por una guía de viajes sobre Irlanda.
-Supongo que te habrás dado cuenta de que en el corto relato de “Café con canela” hay materia para desarrollar una novela. Piensas hacerlo.
Tienes razón. Me he quedado con las ganas de recuperar esa historia y ver qué pasa con esos personajes, o al menos dedicarle más tiempo al final. Ojalá encuentre el tiempo para hacerlo.
-Que literatura es tu preferida.
Me gustan mucho los cuentos, mucho más que las novelas. También me gusta mucho la poesía. Luís García Montero es mi poeta preferido pero también me encantan otros como Ángel González. Leo bastante ensayo y últimamente he descubierto que me apasiona la literatura de viajes. Javier Reverte es uno de mis escritores de literatura de viajes preferidos y el libro “El corazón de ulises” uno de los que más me ha aportado. Es un género que me gustaría cultivar en el futuro, pienso que puede reunir algunas de mis grandes pasiones: la literatura, los viajes y el periodismo. Así que leo a los grandes para aprender,como a Kapuscinski.
-Tu escritor preferido.
No tengo un escritor favorito y también depende del momento de mi vida. Durante un tiempo estuve fascinada con Cortázar y leí toda su bibliografía, también leí todos los libros de Benedetti, y luego de Almudena Grandes. Pero me gustan mucho otros como Antonio Muñoz Molina, Belén Gopegui, Rosa Montero, Ana Maria Matute, Bernardo Atxaga, Carmen Martín Gaite, Manuel Rivas. En general la literatura en castellano y algunos escritores franceses.
-Por último, cual es el último libro que estas leyendo.
Leo varios libros a la vez: “Viajes con Heródoto” de Kapuscinski y también “Tombuctú” de Paul Auster y “Io non ho paura” (No tengo miedo) de Niccolò Ammaniti.
Maria Isabel, por el bien de los que nos gusta la lectura, sigue escribiendo. Gracias por tu tiempo.